Sin código
Tengo un primo que es pura fantasía. No de esos que llaman la atención desesperadamente, sino de los que tienen un imán natural. Es capaz de tener embelesadas a todas las señoras del pueblo (y a las que no lo son).
Resulta que ha abierto una floristería con su chico y les va como un tiro. Están pensando en ampliar y contratar gente.
Esta mañana he ido a visitarle. Mi mujer organiza mañana un taller de yoga y San Valentín bajo el lema “Quiérete a ti mismo” y necesitaba flores para decorar.
La floristería estaba a rebosar. Entre el amor romántico de mañana y las presentaciones falleras que ya no paran, aquello parecía la Gran Vía en hora punta.
Yo, con mi deformación profesional, miraba la cola y mi cerebro de consultor se activó: “Aquí hace falta un panel de turnos digital. Un sistema de pedidos online para recogida rápida. Hay que optimizar este flujo”.
Es lo que habría hecho con la mayoría de mis clientes para evitar esperas.
Pero entonces me fijé mejor.
La gente no estaba resoplando ni mirando el reloj. Estaban sonriendo. Mi primo atendía a voz en grito, lanzando piropos, haciendo bromas, preguntando por la familia. Era un showman.
Al igual que aquel puesto de crepes en Andorra, la gente no iba solo por las rosas; iba por el espectáculo. Si yo hubiera puesto allí una máquina de turnos fría y eficiente, habría matado la magia del negocio. La gente habría cogido sus flores y se habría ido rápido, perdiéndose la experiencia (y la sonrisa).
Ahí me di cuenta de algo que muchas agencias tecnológicas olvidan:
Una web o un software nunca deben restar personalidad a tu marca.
Si tu fuerte es el trato personal, la tecnología debe estar en la trastienda (gestionando el stock, la facturación o los proveedores), pero nunca estorbando en el escenario.
Yo no soy un implementador de herramientas ciego. Soy un socio que entiende tu negocio.
- Si necesitas velocidad, te pongo un cohete.
- Si necesitas show, me aparto y dejo que el sistema trabaje en silencio para que tú brilles.
Cada negocio es un mundo y cada emprendedor tiene su magia. Si quieres que analicemos cuál es la tuya y cómo la tecnología puede potenciarla (y no apagarla), hablemos.

¡Un abrazo!
P.D.: Al final salí con las flores, sin sistema de turnos, pero con una sonrisa de oreja a oreja. A veces, la eficiencia está sobrevalorada.

