La tranquilidad de conocer
Desde niño he ido siempre al mismo peluquero. El mismo al que iba mi padre.
Me mudé a otro barrio y seguí yendo al mismo. Me mudé a otro pueblo y seguí cogiendo el coche para ir al mismo.
Incluso cuando se jubiló y traspasó el negocio a su hija (transformándolo en una peluquería de señoras), él seguía yendo solo para cortar el pelo y la barba a sus antiguos clientes. A su “vieja guardia”.
Desde hace un par de meses, la salud ya no le deja manejar las tijeras. Se acabó el corte, pero no la visita. Ahora voy, nos tomamos un café y me cuenta lo feliz que le hacía su trabajo. Me habla de la herencia de una costumbre, de cómo había muchos como yo, hijos de clientes que se convirtieron en amigos. Y de cómo otros muchos se perdieron por el camino.
Siempre me he sentido querido en esa silla. Quizás por ser “el hijo de…”, quizás por ese aprecio silencioso de ver a alguien crecer.
Son cosas que no se dicen, ni hace falta expresar, pero se sienten. Siendo sincero, ir a su barbería era ya casi más un recuerdo de mi padre que un corte de pelo.
En un mundo de “servicios de usar y tirar”, esto suena casi a ciencia ficción, ¿verdad?
Hoy en día cambiamos de compañía de teléfono por 5 euros, y de proveedor de hosting porque nos regalaron un mes gratis. Nos hemos acostumbrado a ser un número de cliente, un ticket de soporte anónimo.
Pero tanto como en vectoria como en lo personal me niego a eso.
No te voy a engañar, no puedo cortarte el pelo ni invitarte a café presencial cada semana, pero aspiro a esa misma tranquilidad silenciosa que yo sentía en esa barbería:
- La tranquilidad de que conozco tu negocio (tu historia) y no tengo que preguntarte cada vez quién eres.
- La seguridad de que, si hay un problema, no te va a atender un bot, sino alguien que te aprecia como cliente.
- La certeza de que no eres una transacción más, sino una relación a largo plazo.
Si estás cansado de proveedores que te olvidan en cuanto firmas el contrato y buscas a alguien que, dentro de 10 años, siga sabiendo exactamente cómo te gusta “el corte”, hablemos.

Un abrazo.
P.D.: El café corre de mi cuenta, aunque sea virtual.


