Y como puede ser una historia de terror
Esta mañana me ha tocado ir a la oficina de Correos.
Vivir en un pueblo tiene sus cosas: la oficina solo abre una hora al día, de 13:00 a 14:00. Siempre está la misma persona y, por lo general, te atiende con una mezcla de desgana, prepotencia y cero empatía.
No sé si es que no le caigo bien o es que se levanta de mala gana por defecto. Pero hoy, milagrosamente, le he pillado de buen humor.
Ese cambio de actitud me ha hecho pensar en todas las veces que me ha tocado gestionar algo con el Estado. Hay una diferencia abismal entre:
- El que está por la labor: te ayuda, busca soluciones y te pone las cosas fáciles.
- El que te cuelga: ese para el que todo es un problema, te dice que “está mal hecho” y acaba agotando tu paciencia hasta que desistes.
En la administración no te queda otra que aguantar, porque es un monopolio. Pero en tu negocio no tienes ese privilegio.
Tu web es el “funcionario” de tu empresa. Es la persona que recibe a tus clientes cuando tú no estás.
- Si tu web es lenta, confusa o pone trabas para comprar, se comporta como ese funcionario prepotente.
- El cliente no va a poner una reclamación (eso es otra gestión imposible); simplemente va a “colgarte”, cerrar la pestaña y buscar una solución en otro sitio.
En internet, la paciencia del usuario dura menos que la hora de apertura de mi oficina de Correos.
Yo me encargo de que tu web sea el empleado del mes. Ese que siempre está de buen humor, que carga rápido, que guía al cliente de la mano y que soluciona problemas en lugar de crearlos.
Si sientes que tu web está “atendiendo con desgana” a tus visitas y quieres convertirla en una máquina de ayudar (y vender), echa un ojo a cómo trabajo aquí:



