Mi mejor café

Aunque mi mejor “¿Nos tomamos un café?”  es el que aparece algunas mañanas sin preguntar, de forma espontanea, con las miradas y sin prisas por escaparnos de las sabanas dirección a la cocina. Ese café de cafetera antigua que va acompañada de tranquilidad y paciencia que permite a tus ojos, tus preciosos ojos azules, ir contándome lo que tienes planeado para ese día, mientras leen en los míos que, cuando lo cuenten tus labios, vamos a tener que negociar  entre lo que quiere tu cacao puro, manchado de café, y mi cortado largo con sacarina, hasta llegar a un acuerdo por quien se come el trozo más grande de la última galleta con permiso del otro.

Sin estrés y con sosiego vas tomando el café a sorbos de tu taza de gatitos, y mis ojos repasan tu pijama, gris de mini-mouse haciendo poses graciosas, al tiempo que voy pensando la forma mas cara de cobrarte ese trozo de galleta que ya doy por perdido, pero que no venderé barato tras mi taza elegida al ritmo de ese azar mío, tan desastre y que tan poco te gusta pero tanto te interesa cuando estas cansada de planear antes de tomar el café.

A todo esto, consigues helar mi sonrisa cuando decides congelar con el móvil, una imagen de un perfecto bol de fruta cortada, mezclada con frutos secos y espolvoreada de canela o ralladura de coco. Perfecto, buenísimo, precioso, así lo guardas entre tus fotos, igual que te guardo yo en mis recuerdos, con cafetera, con gatitos, con tus ojos así es, mi mejor café.

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