¿Nos tomamos un café? mil significados atrapados entre esos interrogantes.



Un pregunta que viene acompañada siempre con aromas diferentes como el café al que nos lleva, cuando lo preguntamos y cuando nos lo preguntan. Aromas que no tienen que ver con el café pero si de con quién y cuándo nos lo tomamos.

Los cafés dulces, para mi esos cafés diarios de compartir con los de siempre, los de todos los días, de gusto diario pero no por eso menos extraordinario. -¿Nos tomamos un café?- la pregunta con aroma de descanso que cada día dice uno en el trabajo, con aroma de vamos a parar un rato que tengo hambre o tengo ganas de contarte lo … que es ese cliente. Pero que se convierte en dulce cuando escuchas, cuando aprendes, cuando te dejas enredar por las historias diarias personales, hijos, padres, viajes, planes, tecnología, política un café con aroma a cajón desastre que a veces es silencioso y otras veces no te gustaría terminar esos son mis cafés dulces.

Los cafés salados, es un café esporádico, pero esperado, controlado y siempre divertido. -¿Nos tomamos un café?- la pregunta con aroma de apego, de cercanía, de codo con codo, de familia que se elige, del amigo que se acuerda que es hora de reunirse ya, de vernos y contarnos batallitas que no se cuentan igual por los grupos de WhatsApp. Un café tan salado que muchas veces antes de ser café, es cerveza, es almuerzo, es cena, es un lo que surja sin preguntas. Un aroma salado de confianza, confianza de haber vivido juntos, compartiendo el sudor de alegrías y también de penas que unen carnes. Un café, con chupito y copa que convierta un momento cualquiera en un momento compartido de una vida juntos.

Un café amargo, de esos de toda la vida que no ves venir, de los que necesitas o necesitan con urgencia. Un café que va lleno de palabras, de argumentos y razones que tienen que se escuchadas. Un aroma de salvavidas, que he necesitado cuando las cosas no salen bien, cuando el hastió y el agobio llenan todo mi estado de humor o que he lanzado cuando he visto ahogarse en situaciones que le sobrepasaban y que tantas veces me he quedado lanzar por darme cuanta tarde. Lo bueno de los cafés amargos es cuando se convierten en cafés salados después de coger el salvavidas y llegar a la playa donde sentirse seguro de que todas las heridas tienen cura.

Y por último un café acido, con un toque de limón, esos cafés únicos, irrepetibles. Que te cambian la vida, tan acido que te genera una mueca porque te cambia de la vida, te despierta del sueño. Son cafés que te valen como excusa para conocer mejor unos ojos azules que luego te llevaran a tomar todo tipos de cafés, como el café que se convirtió en el último sin saber que era el último o como el primero de muchos salados, amargos y dulces que se convierten en parte de la vida.

¿Quieres compartir un café conmigo o te apetece saber cual es mi mejor café?



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